2 feb. 2011

Único entre cientos.

Con los ojos ciegos de vos y el corazón hambriento de esperanzas vuelvo a pediros que me regaleis otro amanecer.
Me arrodillaré si así lo deseais, volveré la cabeza al mundo si los deseos que empapan vuestra alma así lo requieren.
No encuentro la paz si no estais conmigo pues sois el único que sabe acallar los temores de mi ser taciturno y neblinoso.
Hace ya varios años que andamos en el mismo camino, compartiendo momentos tibios y otros tan gélidos como el mismo glaciar, pero no me cansaré de apretar vuestra mano al andar hacia un nuevo sol, hacia un nuevo día lleno de oportunidades.
Supongo que os preguntareis el porqué de esta misiva, querido caballero, pues no es otro que el mismo latido de mi vida, el que me hace soltar los dedos.
He aquí mi alma gemela, la que un día encontré y ahora no quiero dejar escapar, la que me abraza con sus alas de terciopelo,la que me brinda sonrisas más brillantes que el mismo lucero del alba, la que sabe cómo hacerme feliz con una sola palabra de sus labios. Podreís llamarme engreída quizá pedante, pero no me importa, pues el sentimiento que vibra en mi interior cuando le veo es sólamente comparable al rugido del tifón, al murmullo de las olas en una tormenta de verano.
Sin duda debo considerarme afortunada de teneros a mi lado, pues sois único entre cientos.