8 oct. 2012

Fugaces instantes de tic tac

No le gustaban los relojes.

La hacían sentirse incómoda. Miraba las manecillas que danzaban en su muñeca, con la esperanza latente de que se parasen de repente, que no girasen nunca más.

El tiempo sin embargo, la ignoraba y seguía su curso, indispensable, impecable, necesario. Omitía esas miradas frugales con el ceño fruncido y el tamborileo de sus dedos en la mesa.

Él seguía avanzando obviando la realidad y haciéndonos ver el cambio constante.

Ella se agitaba por dentro, deseaba que el reloj frenase pero para nunca más volver a funcionar. Lo odiaba, le hacía darse cuenta de lo efímeros que somos en el mundo, de la fugacidad lejana que llevamos dentro.

Las horas seguían acumulando minutos, los 60 aglutinando pequeños segundos y así en un ir y devenir de agujas enlazadas que no descansaban en su trajín.

Cuando por fin se levantó de la silla para irse a casa, el chico le preguntó:

-¿Tienes hora?



En ese instante, ella dejó odiar al reloj y el tiempo volvió a vencer.

23 jul. 2012

Una de esas noches


Era una de esas noches que se mira al espejo y no ve nada bueno. Una de esas veces que se acostaba con el dolor inyectado en el alma y el miedo haciéndole cosquillas en los pies. El anochecer no le daba calma, la luna estaba lánguida.

Era una de esas veces que se sentía pequeña, incómoda, ajena, estúpida y triste. El ruido en las calles para sus oídos era un tibio rumor lejano.

Ella sólo quería volar. Ser libre de nuevo, quererse, ser querida, y aprovechar cada segundo del reloj como si fuera el último.Pero las alas se le han resquebrajado un poco y se ha hecho añicos la esperanza que puso en las nubes.

15 jun. 2012

Duerme


Es de noche, el dragón duerme.
Con el brillo de las estrellas su escamada piel reluce tímida.
Las alas plegadas suben y bajan al ritmo de su respiración. De los ollares de su hocico, surgen pequeñas volutas de humo que se disuelven al contacto con el oxígeno exterior y ya no regresarán.
Se oye un rugido, rayos nubes, lluvia y ventisca.
El dragón despierta.

Está entumecido, sus agotados músculos renquean ante las órdenes de moverse. Ser una criatura milenaria nuca fue tarea fácil para nadie... Bosteza.
Abrumado por la tormenta calcula la ruta de escape a un lugar seguro. Alza el vuelo, como de costumbre, majestuoso.

Su pellejo irisado hace resbalar las gotas que se chocan en él y caen de nuevo en ese trayecto kamikace a estamparse contra el suelo.

Es de noche, el dragón vuela.
Planea alto, más alto que las nubes oscuras y cargadas de agua. Feliz retoza entre su algodón deshilachado, gira, hace cabriolas esquivando los relámpagos.Un ronroneo sale de sus grandes fauces, quizá originado en un rincón de su alma, más no temáis, es de placer.
Se siente LIBRE. Juega con las alondras que aturdidas están buscando refugio, persigue a los cuervos buscadores de carroña. Es un dragón milenario sí, pero nunca perdió su espíritu jovial y lleno de curiosidad.
Bate sus poderosas alas y aleja los miedos y temores. Bate las alas y sabe encontrar en cada astro una razón para seguir adelante en esa lucha constante por sobrevivir.
La ansiada y tan codiciada libertad  por la que sus congéneres habían derramado sangre y que tanto deseaban... por fin ha llegado.

Ahora, saborea el viento, el mar y los bosques con la pasión que anhelaba en su corazón.

10 jun. 2012

Amaneceres

Abrió los ojos pesadamente bajo el sol de la mañana.
Había perdido la cuenta de las horas que llevaban en enredados en esa cama, entre esas sábanas de satén barato que se escurrían siempre hacia el suelo y les dejaban los pies fríos.

Vio su rostro sonriente y automáticamente imitó su gesto. Se acercó deslizándose hasta su cuello y como dos pequeños animales desconocidos,empezaron a olerse. Le restregó despacio el cabello en su pecho, acarició su espalda con los dedos, mientras él la mordisqueaba el hombro con ternura.
Escuchaban el latido del corazón del otro y eso les hacía suspirar. La luz invadía la estancia sin prisa, pero con rapidez.

Llegó el primer beso.
Y luego otro, y otro, y una infinidad de ellos. Algunos lentos, otros desgarradoramente sensuales,  con delicados movimientos de lengua acompasados con caricias lentas.
Notaron ese escalofrío que les llamaba a sentir, a querer probar la piel ajena y perder de vista el reloj hasta que se hiciera de noche.

Saborearon cada rincón de sus cuerpos embadurnados con saliva y desgastaron las horas con gemidos prolongados. Temblores, jadeos, mordiscos, lametones, arañazos.
Las paredes se empapaban de sonidos, de palabras, de golpes sordos al chocar contra ellas. Se convirtieron en niños para jugar con todos los muebles de la habitación y encajarse en posturas casi acrobáticas.

Agotados, se revolcaron en los restos de la pasión consumida. Disfrutaron de ese tibio momento en el que el universo entero parece detenerse para prestarte atención solamente a ti. Dibujaron en lengua del otro círculos concéntricos y sostuvieron las manos en cada mejilla, como no queriendo separarse nunca. Juntaron las frentes rozando sus narices y con el beso del esquimal decidieron dar por acabada su obra, aquella que interpretaban cada noche.

 (o cada tarde, o cada mañana...)


12 abr. 2012

Niño asustadizo


Llanto. Dolor. Angustia. Pena.
Gritos sordos que te hacen zumbar los oídos.
Pensamientos crueles que te recorren la mente de lado a lado, que te embotan el cuerpo.
Tragas saliva, intentas ver a través de una niebla densa y maliciosa que te traiciona, que se arremolina a tus pies entre susurros macabros. Pero para tu desgracia, no consigues vislumbrar la luz. Tropiezas. Sientes cómo se hunden en tu carne las viejas astillas del remordimiento y la culpabilidad.
Pides ayuda más nadie parece oírte. Renqueante te levantas, aunque ahora ya caminas cegado por el miedo. Tiemblas. El escalofrío más intenso se descargará sobre ti, haciéndote caer de rodillas, esta vez, sobre los cristales rotos de lo que en un tiempo mejor fue tu autoestima.
Respira.Coge aire y siente que eres único, que no todo es oscuridad. Que hay personas tendiéndote la mano, pero que tú no quieres ver, las ignoras sigues encerrado en el temor.
Callas buscando sosiego pero todo a tu alrededor grita. No puedes ver, el miedo te ha vendado los ojos. Te ha atado las manos y eres su esclavo.
¿No es hora de liberarte? ¿De soltar esas cadenas y abrir las alas?

Estás tan cansado...
El sueño se va apoderando de ti, aunque tú luchas encarnizadamente contra él, pues sabes que ni dormido encontrarás la paz tan anhelada. Incluso tu mente soñolienta te traiciona, y crea escenas que te atraviesan, dejando cicatrices sangrantes, más dolorosas que una puñalada.
Y aunque yo esté a tu lado, cantándote nanas y acariciándote el cabello, no deseas oírme. No quieres aceptar mi ayuda:
-¿Por qué?
La pregunta se muere en el aire y ¿sabes?




Mi alma muere un poco también.

1 abr. 2012

Medianoche, sábanas y tú.

Aún tengo el tibio sabor de tus labios en mi boca,
mi respiración todavía se agita cuando recuerdo,
las sábanas han guardado tu aroma, ese que me hace perder los nervios,
el corazón se me acelera, tarareando esa melodía que tan bien conocemos...

Y esque las horas a tu lado se disipan como la niebla ante el yugo solar,
no existe un momento igual que el anterior,
las risas estallan igual que la pólvora,
tu mirada se hunde dentro de mi...
me trastoca en algún ínfimo rincón del alma
para hacerme olvidar todo lo demás.

Las caricias pasan de ser un juego a una provocación
los besos dejan de ser castos,
las palabras sobran,
la ropa aprieta.

Sonríes en la oscuridad, oyéndome suspirar,
el tacto de tu cuerpo es cada noche más adictivo,
el sabor de tu piel con cada mordida más intenso.

Desaparecen fugaces el miedo, la vergüenza y la prisa
sólo quedando el deseo de comernos mutuamente,
hasta que el cielo se torne de otro color,
hasta que las estrellas, testigos de nuestras travesuras,
dejen paso al astro rey, llevándose el secreto más allá de las galaxias.

Así son mis días a tu lado, explosiones de pasión en llamas
dulces palabras derritiéndose en mis oídos,
suaves canciones que embriagan el ambiente,
roces y besos en lugares prohibidos

Ya ha salido la luna a saludarnos...
¿Hacemos algo divertido?





7 ene. 2012

¿También tienes esta sensación?


¿Puedes notar cómo se acelera mi corazón?
Es por tu presencia… que inunda mis días antes vacíos de aliento, ausentes de afecto, simples retazos banales. Llenos de conversaciones circunstanciales, de miradas apagadas, de trivialidades. Pero llegaste sin esperarlo y ¡oh! sorpresa, posees el don de hacer desaparecer mis problemas con un solo gesto, con tu simple aparición entre las bambalinas de mi existir. Es tan intrigante que la curiosidad me llama, me incita a descorrer el cortinaje del escenario en el que estás subido, en el que ejecutas tu número de magia con la mayor sencillez jamás vista. Ante mi asombro mudo, mi mente maquina mil y un planes para intentar descubrir tus secretos, cómo haces cambiar mi interior despojando pesares para llenarlo de ti, de tu cálida esencia. Mientras te investigo y aunque no pueda atisbar un ápice de ese poder tan encantador, sigue caminando a mi lado, sosteniendo mi mano como siempre lo haces, mirando al horizonte dejando el venenoso dolor atrás.
Poco a poco las tardes contigo se han convertido en mi válvula de escape, en el único salvavidas al que aferrarme cuando de nuevo me siento terriblemente perdida en el mar del caos. Ha sido tu sonrisa la que hace que me despierte por la noche, acelerada, contando las horas para verte y poder oler tu piel…
Si me besas se enciende mi alma, brota en mí la más bella llama de pasión, que no se extingue fácilmente, que sigue ardiendo aunque el tiempo del reloj siga su avance mortuorio. Si me susurras se nubla mi visión, el mundo se distorsiona y únicamente puedo guiarme por tu dulce voz, que me atrapa, que me hace presa en un murmullo ruidoso de silencioso placer. Cuando me acaricias, abres el camino al paraíso, llego a rozar las nubes, a saborear su delicado algodón, a hacer que la orgullosa luna muera de envidia en el firmamento.
Al principio, tuve miedo, lo reconozco. Miedo a ser herida, al futuro, a dar y no recibir… pero ¿sabes? estás destruyendo los altos muros de la inseguridad como si estuvieran hechos de papel, rasgando ancestrales temores sin perder ni un instante, siempre listo para batallar. Peleando a capa y espada para llegar al rescate de esta princesa en apuros, saltando obstáculos, evitando mis lágrimas, esas que hacen flaquear al más impasible de los guerreros. Nadie me dijo que el amor podía llegar a ser tan complicado, que no es fácil abrirse a otras personas y dar todo de ti…
Pero contigo ha sido tan diferente que asombra. Llegamos a complementarnos desde el primer saludo, nos acercamos casi sin pensar guiados por una canción, dejando salir ese impulso divertido y saltarín que teníamos encerrado bajo llave.
Y allí estábamos uno frente al otro. Cerramos los ojos, jugamos en la oscuridad como dos niños con libertad anticipada. Al abrirlos los días habían volado, hasta el calendario había dejado de ser el mismo.
Y aquí estoy ahora, dedicándote estas líneas, dando las GRACIAS porque he vuelto a tener a alguien a mi lado por quien luchar, alguien a quien cuidar, alguien que le da sentido a mi desorientado caminar.

5 ene. 2012

¿Hay alguien ahí?


Estoy cansada.
Tan cansada de sentir que toco las estrellas cuando en realidad no es más que un cactus lleno de espinas. Se me van clavando poco a poco, haciendo heridas en mi alma y empapando todo de dolor, pero...nadie está aquí para curarme. Cada cual ha tomado su camino, y eso es irreversible.
También estoy cansada de llorar en la noche porque a nadie parece importarle cómo me encuentro, todo es una falacia, una sombra siniestra de la verdad. Pura hipocresía. ¿Acaso creíais que no os descubriría, pequeños mentirosos? Siempre jugando a dos bandas, nunca honrados, perfectamente astutos y escurridizos.

Todo esto me hace preguntarme si realmente me lo merezco, ¿soy tan cruel con todos vosotros? Sé que algo estoy haciendo mal, pero ¿qué? ¿cuál es mi fallo?...
El silencio ruge pero no me contesta.
La única respuesta verdadera es la sal de mis lágrimas, que para variar, nadie ha oído caer.