7 ene. 2012

¿También tienes esta sensación?


¿Puedes notar cómo se acelera mi corazón?
Es por tu presencia… que inunda mis días antes vacíos de aliento, ausentes de afecto, simples retazos banales. Llenos de conversaciones circunstanciales, de miradas apagadas, de trivialidades. Pero llegaste sin esperarlo y ¡oh! sorpresa, posees el don de hacer desaparecer mis problemas con un solo gesto, con tu simple aparición entre las bambalinas de mi existir. Es tan intrigante que la curiosidad me llama, me incita a descorrer el cortinaje del escenario en el que estás subido, en el que ejecutas tu número de magia con la mayor sencillez jamás vista. Ante mi asombro mudo, mi mente maquina mil y un planes para intentar descubrir tus secretos, cómo haces cambiar mi interior despojando pesares para llenarlo de ti, de tu cálida esencia. Mientras te investigo y aunque no pueda atisbar un ápice de ese poder tan encantador, sigue caminando a mi lado, sosteniendo mi mano como siempre lo haces, mirando al horizonte dejando el venenoso dolor atrás.
Poco a poco las tardes contigo se han convertido en mi válvula de escape, en el único salvavidas al que aferrarme cuando de nuevo me siento terriblemente perdida en el mar del caos. Ha sido tu sonrisa la que hace que me despierte por la noche, acelerada, contando las horas para verte y poder oler tu piel…
Si me besas se enciende mi alma, brota en mí la más bella llama de pasión, que no se extingue fácilmente, que sigue ardiendo aunque el tiempo del reloj siga su avance mortuorio. Si me susurras se nubla mi visión, el mundo se distorsiona y únicamente puedo guiarme por tu dulce voz, que me atrapa, que me hace presa en un murmullo ruidoso de silencioso placer. Cuando me acaricias, abres el camino al paraíso, llego a rozar las nubes, a saborear su delicado algodón, a hacer que la orgullosa luna muera de envidia en el firmamento.
Al principio, tuve miedo, lo reconozco. Miedo a ser herida, al futuro, a dar y no recibir… pero ¿sabes? estás destruyendo los altos muros de la inseguridad como si estuvieran hechos de papel, rasgando ancestrales temores sin perder ni un instante, siempre listo para batallar. Peleando a capa y espada para llegar al rescate de esta princesa en apuros, saltando obstáculos, evitando mis lágrimas, esas que hacen flaquear al más impasible de los guerreros. Nadie me dijo que el amor podía llegar a ser tan complicado, que no es fácil abrirse a otras personas y dar todo de ti…
Pero contigo ha sido tan diferente que asombra. Llegamos a complementarnos desde el primer saludo, nos acercamos casi sin pensar guiados por una canción, dejando salir ese impulso divertido y saltarín que teníamos encerrado bajo llave.
Y allí estábamos uno frente al otro. Cerramos los ojos, jugamos en la oscuridad como dos niños con libertad anticipada. Al abrirlos los días habían volado, hasta el calendario había dejado de ser el mismo.
Y aquí estoy ahora, dedicándote estas líneas, dando las GRACIAS porque he vuelto a tener a alguien a mi lado por quien luchar, alguien a quien cuidar, alguien que le da sentido a mi desorientado caminar.

5 ene. 2012

¿Hay alguien ahí?


Estoy cansada.
Tan cansada de sentir que toco las estrellas cuando en realidad no es más que un cactus lleno de espinas. Se me van clavando poco a poco, haciendo heridas en mi alma y empapando todo de dolor, pero...nadie está aquí para curarme. Cada cual ha tomado su camino, y eso es irreversible.
También estoy cansada de llorar en la noche porque a nadie parece importarle cómo me encuentro, todo es una falacia, una sombra siniestra de la verdad. Pura hipocresía. ¿Acaso creíais que no os descubriría, pequeños mentirosos? Siempre jugando a dos bandas, nunca honrados, perfectamente astutos y escurridizos.

Todo esto me hace preguntarme si realmente me lo merezco, ¿soy tan cruel con todos vosotros? Sé que algo estoy haciendo mal, pero ¿qué? ¿cuál es mi fallo?...
El silencio ruge pero no me contesta.
La única respuesta verdadera es la sal de mis lágrimas, que para variar, nadie ha oído caer.